-Hector, que lo digo enserio. –No me lo creo. ¿Enserio? ¿Se
te lanzo al morro? –Si. Yo no la frene pero luego… Pense y bueno, nos apartamos
los dos. –Buah tio. Parece de una película -¿Romantica? –Gabriel pone cara de
asco mientras sube la pesa hasta su pecho - ¡No! ¡De terror! Sonrien ambos a
carcajadas – Venga, que no besare tan mal… -Pues si la pobre se aparto por algo
seria –Porque estaba mal. Borracha y necesitada, eso es todo. Luego se dio
cuenta de su error y rectifico. –Anda anda. Lo mejor va a ser… Lo que yo digo,
que el cazador se vaya de caza -¿El cazador? –Si nene, que paseis una noche
loca y si no te he visto no me acuerdo -¿Yo y Giselle? ¡No! No pienso hacer eso
– Pues entonces vas crudo nene. Tus instintos están ahí. Tarde o temprano
ocurrirá.
Los impulsos… Se que puedo ser débil en algún momento pero
no esta muy de acuerdo. No puede permitirse el lujo de hacer eso.
Gabriel regresa a casa y Giselle esta rodeada de miles de
papeles y una carta en sus manos. La carta que anteriormente recuerda de
haberla visto en su maleta. –Las cartas son la mejor forma de despedirse – dice
Giselle con los ojos vidriosos. –Si estas ocupada… Y necesitas mi ayuda… -O no,
tranquilo.- Dice ella trise.
Dispuesto a ducharse, Gabriel se quita la camiseta y los
pantalones. Abre el grifo del agua caliente y deja que el cuarto de baño coja
un poco de temperatura . De lo de anoche apenas se acuerdan ambos, o hacen como
si no se acordaran a pesar de que ninguno se lo puede quitar de la cabeza.