Pasan el día entero juntos. Viendo
películas hasta que Giselle se aburre. Se pone en pie, levantándose del sofá y
por tanto, de sus brazos, y camina por la casa hasta un maletín suyo junto a un
caballete improvisado–Vamos a pintar -¡¿A pintar?¡ ¿Enserio? –Si -¡Pero si
dibujo fatal! -¿Y? –Pues que es mejor que dibuje un mono ya te lo digo yo –Ella
coge un pincel y lo moja en un bote, después, se lo pasa a Gabriel por la cara,
dejándole un manchurrón azul–Vamos a pintar a nuestra manera. Yo intentare no
mancharte las vendas de la espalda ¿Vale? –Entonces él, que aún se había
quedado un poco parado agarra otro pincel más grande y repite la jugada. La
casa amueblada con muebles de color blanco hueso y marrones tierra acaba
salpicada por pinturas y pinturas de colores. Las paredes… los sillones… Pocos
sitios se libran de los brochazos perdidos. Sonríen mientras corren por la casa
con los pinceles en la mano. Gabriel se quita la camiseta blanca completamente
manchada y coge otro pincel, uno en cada mano para perseguir mejor a Giselle.
Otra pincelada en la cara, él le dibuja a ella una sonrisa en la mejilla, baja con
el color rojo por su cuello hasta su escote. Se queda parada, como si estuviera
anestesiada y se deja pintar. Esta acorralada en el pequeño pasillo con dos
pinceles pintándola de arriba debajo de color rojo y verde. El otro pincel le
pinta lo poco que enseña de barriga. Aprovecha para observarlo mejor, así sin
camiseta y con una gran venda cubriéndole desde la espalda hasta el pecho.
-¡Eso no es justo me has dejado tonta¡ -él sonríe ampliamente –Claro que es
justo –No. No lo es – Coge su pincel y sigue su línea de abdominales .
Persiguiendo cada marca de dureza en su cuerpo y provocándole a él la misma
sensación. Hasta subir a su cara y pararse en su boca. Allí ella decide parar
de pintarlo de azul y lo besa.
Sobran las palabras
Fruto de mi mente un poco enlocuente .Mis paranoias son indescriptibles .Abre tu mente al leer cada palabra salida de mi corazon .No intentes enterdeme ,soy demasiado extraña y me encanta .Dedicate a vivir .Disfruta de la vida y de los momentos buenos ,solo quedate con la leccion que conseguistes aprender de los momentos pesimos .
sábado, 27 de julio de 2013
37.¿Cómo ser valientes?
Gabriel va solo con Héctor para hacerse el carnet. En una semana. Una
simple semana zarparan a otro lugar. Se hace las pruebas medicas pertinentes y
firma. El hombre, mayor de unos 50 años y pelo blanco le hace la siguiente
pregunta –Bien. Ya sabéis los riesgos que hay en esta guerra, te toca hijo,
decir quién quieres que sea perteneciente de todos tus bienes, la persona que
debe enterarse de tu muerte y la persona a la que irán todas tus pertenencias.
Escriba el nombre en la casilla de la izquierda. Gabriel suspira, cierra los
ojos y aprieta el bolígrafo antes de escribir : Giselle Ruiz Armados
Vuelve a casa trise, decaído, suspirando antes de abrir la puerta. Una
sonrisa, una simple sonrisa de fuerza, intentando ocultar el dolor de lo que
serán 2 o 3 años fuera …
Abre la puerta y allí esta ella, con un cuaderno en las piernas y sus
ondulaciones rubillas recogidas en una coleta. Escribe y escribe con rapidez,
una rapidez pasmosa . Al terminar, arranca la hoja y la arruga tirándola al
suelo –Si escribes así nadie querrá un libro tuyo… -Es que no me gusta, es muy
feo …
“¿Cómo ser valientes si tenemos miedo a caer? ¿Cómo ser fuertes si
sabemos q nuestras vidas pueden derrumbarse con un solo paso en falso?
Y todos los días me miré al espejo
.Repitiéndome quien era yo y que hacía en este mundo sin control .Porque me
lastimaban ,porque no hacía nada .Y entonces comprendí que yo soy todo aquel
que me rodea ,que yo soy todo lo que hago ,todo lo que digo . Y entonces
comprendí que la vida no era para preguntar mas porque jamás hallaría una
respuesta cuerda. La vida es para vivirla, exprimir tus últimos instantes y
hacerlos únicos. La vida es para saltarse las reglas de vez en cuando.”
-Pues a mi me encanta –dice Gabriel tras
leerlo -¿Enserio? –Si. Totalmente enserio. Es muy bueno
jueves, 18 de julio de 2013
36.Extrañamente enamorado
Al día siguiente Gabriel ya esta mucho
mejor. Se levanta del sofá y se viste con algo de ropa de Héctor aunque a el
mismo le quede grande . Ella lo ayuda, mete sus brazos por los agujeros
correspondientes ante la atenta mirada de él. –Quien me lo iba a decir a mi. Yo
que nunca creí en el amor ni quise creer en el acabaría enamorándome de una
chica a la que apenas conozco de un año y justo unos días antes de marcharme .
Estoy perdiendo facultades… -¿Qué piensas? –Giselle lo mira sonriendo. Se había
quedado empanado mirándola –En nada… -Venga, que te he pillado… -Nada, solo me
preguntaba si me quedare con alguna cicatriz mas… -Bueno, piensa el lado
positivo. Todo personaje principal en un libro tiene algo que lo caracteriza…
-Si. Lo mío serán las cicatrices ¿no? –No. Iban a ser tu pelo y tus ojos
grisáceos pero ahora ya el pelo… -Uff no
me lo recuerdes. Suficiente mal humor me dio al cortármelo imagínate cuando me
mire al espejo –Pero si sigues estando igual de guapo… -No. –Si. Si lo estas
–Él sonríe por el piropo. Termina de colocarse las botas y con ayuda de Héctor
llegan en su coche hasta su casa
-Gabi…. Creo que va siendo hora de que te
pases por el centro y eso… Lo último que te falta es tu carnet… -¿Carnet? Para
qué? –Bueno… Es un carnet que se hace por si te pasa algo sepan quién eres,
donde vives, que grupo sanguíneo eres… Y en casos extremos para decidir quien
se quedara con tus bienes gananciales…
lunes, 15 de julio de 2013
35.No quiero que me dejes
Gabriel
la mira divertido a pesar del dolor -¿Acaso te da igual que te partan la cara?
–Por ti si. Me da igual si me matan ahí mismo si hace falta –Giselle se acerca
con lentitud a sus labios y los besa apasionadamente, un beso capaz de curar
cualquier mal, cualquier dolor del universo –Te quiero –dice mientras acaricia
con suavidad sus heridas. Esta vez es él el que la besa. Tras separarse Giselle
lo observa -¿Qué le ha pasado a tu pelo? –Bueno… Gajes del oficio… Ya te lo
habrá contado Héctor. –Si… -Giselle contesta seria, acariciándole las orejas,
perfectamente al aire. –No quiero que te vayas… No quiero que me dejes...
–Giselle lo mira fijamente, haciendo que el alma se le parta en dos. Nunca
antes había sentido tanta pena al mirar al alguien a la cara –No me iré mucho
tiempo… -¿Cuánto? – Héctor sale de la cocina con una bandeja otro vaso de agua
y una caja de pastillas, cortando justo a tiempo la conversación –Bueeenoo
campeón, te tienes que tomar dos de estas para que no te duela tanto y supongo
que con un poco de alcohol y tiempo se te pasará todo -Giselle observa la
conversación entre los dos hombres, parecen pulidos a la perfección por un buen
escultor. Gabriel extiende el brazo y como puede, se come la sopa caliente que
Héctor le ha preparado – Agg esto esta asqueroso… -Es lo que tiene la comida de
sobre. Listo en 3 minutos Jajajaj, mi anterior novia lo llamaba “su
especialidad” Las mujeres no podéis reconocer que cocináis mal ehh –Giselle se
ríe, parece buen tipo.
34.Loco si, pero por ti.
Giselle se lo pone por encima del pijama,
quedándose con la camiseta de Gabriel puesta. Héctor, al darse cuenta de la camiseta
sonríe ampliamente soltando una carcajada al aire. –Ahora lo entiendo todo
–Ella lo mira, extrañada, sin lograr entender nada -¿El qué? –La camiseta… La
pelea… -¿Qué tiene que ver la camiseta? –Giselle se siente incómoda en este
momento, tras recordar las caricias por todo su cuerpo se ruboriza. –Pensé que
mi amigo se había vuelto loco de remate. Ahora, entiendo que se ha vuelto loco,
pero por ti. –Ese comentario hace que Giselle se ponga roja como un tomate.
-¿Tú crees? –Claro que lo creo. Lo conozco bastante tiempo. Desde el principio
había algo especial entre vosotros… -Giselle sonríe tímidamente mientras se
gira para observar a Gabriel, durmiendo. De repente comienza a removerse en el
pequeño sofá. Se arrastra apartando las gasas y toallas hasta llegar a
centímetros de su cara. Gabriel abre los ojos con lentitud –Por favor. Dime que
esto es el cielo y no un hospital… -Giselle sonríe y se acerca a besarlo en los
labios dulcemente mientras una lágrima más recorre todo su rostro –Ni el cielo
ni un hospital amor. Estoy en casa de tu amigo. –Gabriel sonríe con dificultad
-¿Me has dicho amor? –Si… -Intenta incorporarse pero no puede. El dolor vuelve
a tumbarlo y retorcerlo –Shhh no lo intentes –Le repite mientras le coloca un
cojín en el cuello –Pero –Nada de peros chico, ya has oído a la señorita
–Héctor le acerca a los labios un vaso de agua el cual acepta y se lo bebe en
pequeños tragos -¡¿Por qué lo has hecho?! –Se lo merecía, por ponerte la mano
encima –Pero… Eso fue también culpa mía.. –No. No lo fue. Así ese hijo de puta
no volverá a molestarte más si es que sale del hospital… -Giselle asiente
triste y vuelve a besarlo en los labios -¿Te vio alguien? – Pregunto Héctor
curioso-Creo que no. Salí de allí a tiempo… -¿Cómo te hizo lo de la espalda? –
Giselle no podía parar de pensar en el dolor que ha tenido y tiene que estar
pasando -Puff –Gabriel se echa las manos a la cabeza intentando recordar –Con
una lámpara. Justo cuando me iba a ir cogió una lámpara y me la estrello en la
espalda –Hijo de puta… -Dice Giselle entre dientes –No sé como se me pasó por
la cabeza uff –Shh tranquila- Gabriel le acaricia la cara como puede,
respirando con pesadez –Bueno… Creo que os debo dejar solos parejita… -Héctor
mira a Gabriel sonriente y se señala la camiseta para indicarle que sabe lo que
sucedió anoche, este sonríe y al fin, se quedan solos en el salón. –Gabriel.
Estas loco. –Lo mira fijamente a los ojos- Eres el tio que se ha jugado la vida
por mi ya dos veces. Eso nadie lo había hecho antes…
sábado, 13 de julio de 2013
33. Lo quiero, me quiere.
-No le queda otra que quedarse aquí. Luego se mejorara y ya podrá volver
a casa justo listo para …. Bueno para ya sabes… - Tengo que quedarme aquí –No
tengo otra cama… Lo siento –Me da igual. Me quedare en el suelo si hace falta.
No dormiré, pero no puedo irme y dejarlo así como así…-Héctor deja de desistir y
le ofrece una esponja húmeda – Hay que quitarle toda la sangre, sino, no
podremos ver la dimensión de las heridas -¿Tu sabes algo de esto? –Bueno…
Algunos cursillos de primeros auxilios en el campo de batalla valdrán – Héctor
trae un barreño con agua y Giselle comienza a limpiarle la sangre a Gabriel.
Comienza con la cara. Quitándole todo rastro de sangre que pueda y viendo que
tiene un corte en el labio y un moratón. Otra vez mas lagrimas caen por sus
mejillas. Se peleo por ella. Por ayudarle… Con ayuda de unas tijeras acaba
rompiendo la camiseta del chico quitándole toda la sangre del perfecto pecho
esculpido y con ayuda de Héctor girándolo para ver la peor parte de su cuerpo.
Su espalda. Llena de arañazos y pequeños cristales clavados. Giselle se lleva
las manos a la boca intentando reprimir un pequeño grito. Eso no puede hacerlo.
No puede ir sacándole incrustados de su espalda pequeños cristales no puede. Se
queda a un lado. Mirando como Héctor lo hace lo más rápido posible antes de que
se le pase el efecto del calmante o se desangre. Ella lo ayuda a desinfectarle y vendarle
todas las heridas y se mantiene a su lado. –Dentro de poco despertará. Debes de
tener hambre, te preparare un bocadillo – Giselle lo observa con pena. Lo besa
una y otra vez deseando que sus besos le devuelvan a la normalidad. Deseando
que el despierte radiante como esta mañana. –Al cabo de unos minutos Héctor
sale de la cocina con un par de bocadillos y se sientan en el suelo. –Lo
quieres ¿verdad? –dice el cortando el hielo –Mucho. No te imaginas cuanto… -El
también te quiere … -Lo se. Pero no tardara mucho en irse… -Ya. Nos iremos
dentro de poco. El corte de pelo es lo último. Por cierto… Deberías ponerte
algo de ropa… En pijama no puedes ir por la vida … -No quiero ir a casa… -Pues
ponte esto- Héctor se levanta con pesadez y se mete en su cuarto. Al rato, saca
en su mano un pantalón corto…
miércoles, 10 de julio de 2013
32.Como un trapo
Corre metiéndose por los callejones. Las sirenas de la policía aun suenan
detrás suya. Gabriel sabe que si lo pillan se quedara sin trabajo. Lo sabe. Y no
puede permitírselo. Apenas tiene fuerzas para andar pero consigue llegar hasta
el piso de su mejor amigo, a unas manzanas más cerca que el suyo.
Héctor abre la puerta asustado. Gabriel esta tendido en su portón como un
trapo. –Haz algo ya, por favor -¿Pero que has hecho? –Pegarle a un hijo de puta
– Gabriel tose con dificultad mientras se quita con la mano la sangre de la
boca.
Giselle contenta prepara la comida. No hay mucha cosa en los armarios
pero con lo que hay, es suficiente para preparar algo rico. El teléfono
inalámbrico suena -¿Acaso funcionaba ¿ -Gabriel nunca recibía llamadas ni ella
había visto nunca a este usándolo. Pensaba que lo tenia puesto ahí simplemente
por pereza a guardarlo o algo así …
-¿Giselle?
–Si. Soy yo… ¿Quién eres? –Soy Héctor el amigo de Gabriel… Veras es que… -A
Giselle se le cae el alma al suelo. No puede describir con palabras lo que
siente en ese momento como si se hubiera montado en una atracción y esta
hubiera parado de golpe. Cuelga el teléfono y coge las llaves con rapidez. En
un abrir y cerrar de ojos esta corriendo por las calles. Cree que aun lleva la
camiseta de Gabriel y su parte de abajo del pijama , pero le da igual. Sube las
escaleras de dos en dos y llama a la puerta. Héctor le abre y la deja pasar. Un
tio que le saca dos cabezas, negro, con la sonrisa mas blanca que ha visto
nunca. El olor a colonia de vainilla le envuelve nada mas pasar. Es un piso
pequeño, pero acogedor. Nada mas girar la vista hacia el salón lo ve. Tendido
en el sofá. Rodeado de toallas empapadas. -¿Qué le ha pasado? –Una pelea -¿Con
quien? –Con Marc, es lo único que me ha dicho antes de quedarse medio ido…
-¿Medio ido?! –Aver, es normal. Le he dado un calmante para el dolor… -¿Se
pondrá bien verdad? –Si. Claro que si –Tenemos que llevarle al hospital Héctor-
Giselle se acerca comprobando la cantidad de heridas que tiene en la cara y en
el pecho –No. Al hospital no. El lo dejo bien claro -¿Por qué no?¡ -Porque si
se enteran de que le ha dado una paliza a tu novio pierde su trabajo y estará
fichado por la policía de por vida. Tendrá que ir a juicio y no podrá ir a la
guerra… -¡¿Cómo que a la guerra?! -¿El no te lo ha dicho?- No… Ni lo de su
pelo… -Giselle acaricia la cabeza del joven buscando en ella sus ondulaciones.
Las lagrimas comienzan a caer por su rostro mientras le besa la comisura de los
labios. Le da miedo tocarlo y hacerle daño. Levanta su mirada en busca de los
ojos negros de aquel armario empotrado que tiene Gabriel como amigo -¿Y que
vamos a hacer?
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