Gabriel
la mira divertido a pesar del dolor -¿Acaso te da igual que te partan la cara?
–Por ti si. Me da igual si me matan ahí mismo si hace falta –Giselle se acerca
con lentitud a sus labios y los besa apasionadamente, un beso capaz de curar
cualquier mal, cualquier dolor del universo –Te quiero –dice mientras acaricia
con suavidad sus heridas. Esta vez es él el que la besa. Tras separarse Giselle
lo observa -¿Qué le ha pasado a tu pelo? –Bueno… Gajes del oficio… Ya te lo
habrá contado Héctor. –Si… -Giselle contesta seria, acariciándole las orejas,
perfectamente al aire. –No quiero que te vayas… No quiero que me dejes...
–Giselle lo mira fijamente, haciendo que el alma se le parta en dos. Nunca
antes había sentido tanta pena al mirar al alguien a la cara –No me iré mucho
tiempo… -¿Cuánto? – Héctor sale de la cocina con una bandeja otro vaso de agua
y una caja de pastillas, cortando justo a tiempo la conversación –Bueeenoo
campeón, te tienes que tomar dos de estas para que no te duela tanto y supongo
que con un poco de alcohol y tiempo se te pasará todo -Giselle observa la
conversación entre los dos hombres, parecen pulidos a la perfección por un buen
escultor. Gabriel extiende el brazo y como puede, se come la sopa caliente que
Héctor le ha preparado – Agg esto esta asqueroso… -Es lo que tiene la comida de
sobre. Listo en 3 minutos Jajajaj, mi anterior novia lo llamaba “su
especialidad” Las mujeres no podéis reconocer que cocináis mal ehh –Giselle se
ríe, parece buen tipo.
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