Pasan el día entero juntos. Viendo
películas hasta que Giselle se aburre. Se pone en pie, levantándose del sofá y
por tanto, de sus brazos, y camina por la casa hasta un maletín suyo junto a un
caballete improvisado–Vamos a pintar -¡¿A pintar?¡ ¿Enserio? –Si -¡Pero si
dibujo fatal! -¿Y? –Pues que es mejor que dibuje un mono ya te lo digo yo –Ella
coge un pincel y lo moja en un bote, después, se lo pasa a Gabriel por la cara,
dejándole un manchurrón azul–Vamos a pintar a nuestra manera. Yo intentare no
mancharte las vendas de la espalda ¿Vale? –Entonces él, que aún se había
quedado un poco parado agarra otro pincel más grande y repite la jugada. La
casa amueblada con muebles de color blanco hueso y marrones tierra acaba
salpicada por pinturas y pinturas de colores. Las paredes… los sillones… Pocos
sitios se libran de los brochazos perdidos. Sonríen mientras corren por la casa
con los pinceles en la mano. Gabriel se quita la camiseta blanca completamente
manchada y coge otro pincel, uno en cada mano para perseguir mejor a Giselle.
Otra pincelada en la cara, él le dibuja a ella una sonrisa en la mejilla, baja con
el color rojo por su cuello hasta su escote. Se queda parada, como si estuviera
anestesiada y se deja pintar. Esta acorralada en el pequeño pasillo con dos
pinceles pintándola de arriba debajo de color rojo y verde. El otro pincel le
pinta lo poco que enseña de barriga. Aprovecha para observarlo mejor, así sin
camiseta y con una gran venda cubriéndole desde la espalda hasta el pecho.
-¡Eso no es justo me has dejado tonta¡ -él sonríe ampliamente –Claro que es
justo –No. No lo es – Coge su pincel y sigue su línea de abdominales .
Persiguiendo cada marca de dureza en su cuerpo y provocándole a él la misma
sensación. Hasta subir a su cara y pararse en su boca. Allí ella decide parar
de pintarlo de azul y lo besa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario