-Mi vida no es muy interesante… -contesta apagado –Bah, no
me lo creo. No todo el mundo mide 1,80 un cuerpo espectacular y un aire
misterioso . No todo el mundo va salvando chicas por las estaciones. –le dedica
una sonrisa mientras lo mira fijamente. El se dedica a caminar mirando hacia el
suelo –Venga Gabriel- le da con el codo –Eres demasiado bueno conmigo, no se
encuentra así como así a un chico joven que te salve y te deje su casa –Ya…
Bueno, supongo que soy distinto a los demás, ya te lo dije… Me caíste bien
tumbada en el hospital, y… Bueno, eres la hermana pequeña que nunca tuve –se
miran fijamente antes de entrar de nuevo, en el piso. Los ojos verdes de la
chica se funden con los ojos otoñales del muchacho haciendo que en una simple
mirada se puedan decir mucho mas de lo que expresarían en ese momento con
palabras -¿Y tú no tienes familia con quien quedarte antes que con un completo
desconocido? Abre la puerta –Bueno, tu no eres un completo desconocido. Eres un
poco misterioso, pero aun así me gustan las aventuras ¿sabes? La próxima será
conocerte, y créeme, pienso escribir un libro –ambos sueltan una carcajada al
unísono y entran en el piso.
Todo el bloqueo que
Giselle antes tenía en el metro se disipo automáticamente al salir fuera. Mira
con atención la tarjeta que le dio el medico. Le dijo que sería buena idea ir a
ver a ese terapeuta, que le ayudaría –Oye Giselle, me tengo que ir a hacer las
practicas luego y… Bueno he pensado que tal vez no estaría mal denunciar a ese
tipejo… -No –niega rotunda metiéndose la tarjeta en el bolsillo de sus vaqueros
-¿Estas segura? Simplemente era una idea… -No, todavía no. No antes de coger
todas mis cosas de aquella casa. –Gabriel la entiende y no le vuelve a
preguntar. Se cambia de ropa y sale como es costumbre, al centro de
entrenamientos.
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