-Y… ¿A qué te dedicas?
–Giselle se sienta enfrente de Gabriel, en una mesa pequeña de un restaurante
el cual no había estado nunca – Un asesino en serie… Un policía secreto…-
Vuelve a fantasear Giselle mientras observa la carta -¿Asesino en serie? ¡No!
Soy… Se podría decir que soy una especie de militar -¿Militar? –Si. De las
fuerzas especiales del ejercito. O como nosotros nos llamamos “Guerreros de la
soledad” – Guau eso es mas de lo que me imaginaba –Gabriel se despeina las
ondulaciones de su cabello una y otra vez antes de pedir. –Entonces, esta cena
es para que me hagas un interrogatorio ¿no? -Mmmm –Giselle se muerde el dedo
índice pensativa –Si. Eso es. –ambos sonríen y piden tallarines a la carbonara
para cenar –El otro día conté yo mucho. Hoy quiero conocerte un poco mas. Es
simple –Gabriel la observa divertido –Ya se a que te dedicas, o te dedicabas-
dice decidido - ¿Si? –Eres periodista o algo así - ¿Periodista? Mmm seria un
trabajo fascinante pero yo soy mas un espíritu libre –Las ultimas palabras
dejan a Gabriel descolocado –Hice la carrera de periodismo, pero yo no me veo
escribiendo para un periódico ni nada de eso. Me dedico a ganarme un poco de
dinero dibujando y escribiendo –Valla. Eso si que es sorprendente. –No. No lo
es. Sueño con escribir un libro, narrado por mi. Por eso digo que estes atento.
Tu podras ser mi próximo protagonista –Esta chica fascina mas y mas a Gabriel
en toda su extensión. Es increíblemente ingeniosa y dulce. Se ha recogido el
pelo en una cola pero deja que un par de mechones ondulados de su pelo le
caigan por la cara. Recordando a una niña pequeña.
Giselle pide una botella de vino y llena los dos vasos
mientras esperan a que les saquen sus platos. -¿Qué haces en las practicas?
Llegas reventado a casa siempre… -Dice después de un sorbo de vino. –Pues
básicamente un poco de todo. Corremos, peleamos, nos enseñan tácticas… Esas
cosas… -ella lo mira atenta, no quiere perderse ni un pestañeo -¿Esa cicatriz
es de alguna practica? –Le señala la pequeña cicatriz en la mandíbula y Gabriel
sonríe –No. Esta cicatriz es de un tipo que se merecía una buena paliza.
Giselle con naturalidad escucha atenta a
Gabriel contar una de sus anécdotas –Valla, eres muy observadora –le guiña un
ojo –Ya. Todos los escritores lo somos un poco.
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