Ha pasado ya una semana desde aquel beso y Giselle ya no
puede más. Se siente mal, por Gabriel que apenas le dirige la mirada y por ella.
Necesita sentirse deseada. Necesita aire fresco en su vida. Una locura. Cumplir
sus metas. Sabe que no hará nada si permanece allí, durmiendo en el sofá de un
amigo el cual ni la mira como a una chica si no como a su hermana pequeña. Coge
las llaves que le dio el guardia y anda hasta su anterior piso. Decidida, con
la carta en un bolsillo de la chaqueta y el móvil en el otro. Aprieta con
fuerza las llaves a la palma de su mano. Portón 23, aquí es. Mira hacia arriba, los balcones con flores
perfectas adornan la fachada del bonito edificio. Abre la puerta y mira el
buzón, coge un par de cartas a su nombre y se las guarda. Suspira. Esta
nerviosa. No se había enfrentado de nuevo a el desde el accidente y no sabe
como va a reaccionar. Esta ansiosa por verlo pero ala misma vez asustada .-Quien
no arriesga, no gana –se repite. Sube las escaleras hasta el primer piso y abre
con lentitud la puerta. Hay corriente en el pasillo, las cortinas se mueven
lentamente empujadas por el viento. Camina lenta hacia el salón comprobando que
no hay nadie, aunque toda la casa esta un poco desordenada. La tele esta
apagada, por lo que es probable que no este en casa.
Ha sido una decisión precipitada la de venir aquí, no lo
sabe ni Gabriel pero es que necesitaba respuestas. Necesitaba coger sus cosas y
olvidarse de todo para siempre. Quiere darle un sentido a su vida. No dejarse
arrastrar por las situaciones. Recorre de nuevo el pasillo y lo que este
conlleva ,recuerdo tras recuerdo. Cuando la cogía en brazos manchada de harina y
la llevaba hasta la ducha donde se duchaban juntos la mayoría de veces. Decide
ir al baño en primer lugar, su dormitorio aun no puede… Suspira una vez más.
Abre la puerta lentamente y para su sorpresa allí se lo encuentra. Con una
toalla liada ala cintura, su pelo negro echado hacia atrás y sus lunares en la
espalda que a ella tanto le vuelven loca. Se asusta. El corazón le pega un bote
haciendo que casi se caiga redonda allí mismo –¡Joder que susto! –grita
mientras se pone la mano en el pecho .El la mira aun mas estupefacto que ella a
él. Ninguno sabe que hacer ni que decir. –Creí que no estabas- se recompone
Giselle, apretándose el cinturón de su chaqueta .
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