-¿Qué haces aquí? –su voz la vuelve a despertar. Su corazón
debería estar a mil por hora pero ahora, al escucharlo parece que se ha
calmado. –Vengo a recoger mis cosas, tranquilo que no te molesto. Giselle entra
directa al baño, a unos pasos de el, sin apartar su mirada de sus ojos oscuros
y enrojecidos, se agacha a coger del mueble sus cremas que aun siguen ahí. –
Todo sigue donde estaba- dice el observándola serio. –Mas te vale que así sea -
¿O si no que me vas a hacer? –su voz suena amenazante pero Giselle no se
achanta, esta vez no. –Denunciarte tal vez -¿Denunciarme? –Una risa seca le pone
los pelos de punta. Tiene ojeras. Muchas serán las noches que no haya dormido
bien, delante de la tele con alguna botella de alcohol en la mano o delante de
alguna puta barata. Camina decidida hacia la cocina, donde se encuentra dos
botellas vacias y una a mitad. Le da un trago. El por supuesto, la sigue desde
detrás. Atento a cada movimiento. -¿Por qué no vas a ponerte algo de ropa y me
dejas en paz? –Que pasa ¿Te intimido? –extiende los brazos dejando que sus músculos
se marquen mas – No, no me intimidarías nunca, después de lo que ocurrió. Mete
en el bolsillo unas fotos pegadas en el frigorífico y otra vez, apartándolo de
la puerta se dirige hacia el dormitorio. –Eh eh. Espera Giselle. –La coge del
brazo, tirando asi todas las cremas al suelo –No te iras así como así. Cogerás
todas tus cosas y te piraras -¿Ah no? Pues eso es justo lo que pensaba hacer.
–Ambos se miran fijamente a los ojos, con rencor. Como si fuera una bomba a
punto de explotar y los dos tienen la mecha de esa bomba y el mechero justo a
unos centímetros–No. El aprieta su brazo y la atrae hacia él. Haciendo que
Giselle no le quede otra que agarrarse a sus hombros para no caerse. Unos
minutos de silencio son los que se quedan entre ambos –Eres un imbécil –Dice
ella finalmente. Lo quiere, lo sabe. Sigue teniendo ese algo que le vuelve
irresistible para ella, pero ese amor que un día hubo hoy no queda ni la mitad.
– Y tu una sosa –bromea él. –Sigue sin soltarla, la agarra fuerte mientras una
mueca aparece en su cara -¿Sosa? Ya claro, por eso te fuiste con otras- Lo
empuja y logra apartarlo. Camina rápida por la casa pero la vuelve a frenar.
Esta vez mantiene su brazos a sus dos lados contra la pared. No la dejara que
se mueva. –Déjame. Ni me toques- le ruega.
–Así me gusta, que me rueges nena –Él la mira fijamente a los ojos y
ella hace lo mismo. Ha cambiado mucho en los últimos años, se ha vuelto un
verdadero imbecil.
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