Fruto de mi mente un poco enlocuente .Mis paranoias son indescriptibles .Abre tu mente al leer cada palabra salida de mi corazon .No intentes enterdeme ,soy demasiado extraña y me encanta .Dedicate a vivir .Disfruta de la vida y de los momentos buenos ,solo quedate con la leccion que conseguistes aprender de los momentos pesimos .

miércoles, 19 de junio de 2013

23.Rota


La llamada de Giselle a Gabriel desde su móvil al centro de entrenamiento desconcierta tanto a el como a sus compañeros. Nadie lo ha llamado nunca. Se quita como puede los guantes de boxeo después de dar un par de ganchos como Montero le enseño el otro día. No sabe muy bien por qué pero el hombre se ha empeñado en enseñarle un par de golpes. El acepta sus lecciones con tal de que lo deje pelear algún día contra otro de la cuadrilla. Quiere saber hasta donde es capaz de dejar KO a un contrincante. Se echa la toalla al suelo y va hacia el teléfono

 -¿Giselle? –se escuchan sollozos -¿Gabriel? –dice la voz dulce de la chica rota -¿Puedes venir a la plaza de España? Necesito hablar contigo. -¡¿Qué?¡ Me estas asustando Giselle –Lo… siento… Debí haberlo dicho pero he ido a mi casa- El corazón de Gabriel late con mas fuerza. La nota increíblemente mal – Si. No tardo nada. –Cuelga con rapidez y con rabia. Tiene ganas de darle un puñetazo a la pared ahora mismo. Pero las energías las utiliza para ducharse con rapidez y cambiarse de ropa aun con la piel húmeda.

Coge el primer metro y en menos de 20 min ya esta en la plaza de España. Su corazón cabalga por si solo. Se deja resbalar entre la gente y al fin llega.

La ve con la misma ropa de antes y dos maletas. Sentada en un banco guarda su cara entre sus manos. Se acerca mas y mas a ella y la oye sollozar. Se sienta a su lado y le pasa un brazo por encima, esta levanta la cabeza y lo observa con los ojos encharcados. Lo agarra fuerte y no lo suelta. Haciendo que su chaqueta empape con rapidez todas sus lagrimas.

Asi permanece un buen rato hasta que al fin deja de llorar. El le acaricia la cara intentando secar con la yema de sus dedos todas sus lágrimas. -¿Qué ha pasado? –Que soy una mierda. Una estúpida –Eh, no digas eso- sujeta su rostro para que la mire fijamente a los ojos –Cuéntamelo todo. –Es.que.no.puedo- comienza a agobiarse, respira profundamente y explica detalladamente todo lo ocurrido mientras la cara de Gabriel iba transponiéndose por segundos -¿Por qué lo hicistes? ¿Por qué te fuiste sin decirme nada?

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